El silencio está infravalorado
¡Muy buenas!
Bueno, pues estreno blog. Venga, no os emocionéis tanto que me voy a sonrojar. Como esto es para clase no será tan divertido como mi tumblr, pero bueno, no seamos negativos.
Para celebrar el comienzo del blog, voy a contar mi apasionante viaje en bus de hoy:
Estoy yo en el bus yendo hacia mi casa con el iPod puesto. Voy tan tranquilamente sentada escuchando mi música cuando veo que entra lo que yo llamo el "hablador compulsivo". Este espécimen es la típica persona que necesita estar hablando las 24 horas del día, con quien sea y de lo que sea. He visto tantos que les reconozco a kilómetros. Total, el personaje en cuestión entra en el bus, amenazante, en busca de su próxima víctima. Intentar huir es inútil, huelen el miedo. Yo ya he aprendido que si me pongo la música a tope y no mantengo contacto visual, no me atacan. Aunque hay algunos con un nivel de desesperación tan alto, que hasta llegan al contacto físico para que les prestes atención.
El hombre avanza por el autobús. Miradas aterrorizadas entre los pasajeros. Casi se pueden oír las súplicas: "por favor a mí no, a mí no...". Se puede cortar la tensión con un cuchillo.
A los pocos segundos de entrar, el hombre ya ha escogido a su víctima: una chica de unos 20 años que mira por la ventana, distraída. Pobrecilla, no sabe lo que le espera. Cuando él se sienta a su lado, se intuyen los suspiros aliviados de los demás (el mío el primero). Me bajo el volumen de la música para oír la conversación (sí, qué pasa, escuchar conversaciones ajenas en los transportes públicos es uno de mis mayores hobbies) y escucho cosas cómo "¿Qué bien día hace eh? Pues sí, igualito igualito que cuando fui con la Mari a recoger setas, pero claro luego se puso a llover y madre mía la que se lió allí. Bueno niña, ¿y tú qué estudias? Tienes pinta de ser una chica lista, como el hijo de mi prima Carmen, que está estudiando veterinaria en...". La pobre chica asiente y sonríe educadamente, pero no es difícil adivinar lo que ronda por su cabeza.
Sonrío interiormente y vuelvo a subir el volumen de la música. Igual es que yo soy una seca, pero prefiero mil veces antes un silencio incómodo que una conversación incómoda.
El silencio está muy infravalorado.
